Sistemas:
Nintendo 64: 1999
Con la llegada de la nueva generación de máquinas, y sobre todo, con el empujón que Nintendo 64 le dio al
panorama de juegos en 3D, estaba cantado que de un momento a otro llegaría el primer Castlevania en tres
dimensiones. En 1999, Konami Kobe se encargó de sacar a la calle un proyecto que llevaba siendo anunciado desde
hacía ya más de 3 años, con un goteo de pantallas e información constante desde entonces.
Nos ponemos en la piel de dos descendientes directos del Clan Belmont, Reinhardt Schneider y Carrie Fernandez,
que librarán su cruzada particular contra el Conde Drácula durante por lo menos nueve de las doce fases de las
que dispone el juego. Las fases no son siempre iguales, y principalmente las hay de dos tipos: en las que vamos
pasando habitaciones una tras otra, y en las que las áreas de exploración y los puzzles son los protagonistas claros.
Una fase exclusiva para cada personaje y jefes finales completan una mezcla que se asemeja mucho más a los juegos
clásicos de la saga que a la nueva tendencia iniciada por Konami en Simphony of the Night.

Una de las novedades más importantes en la jugabilidad, aunque ya lo habíamos podido ver anteriormente en Castlevania II,
era el paso de los días y las noches, con la posibilidad aquí a traves de diversos objetos de acelerar o desacelerar el paso
del tiempo, lo cual tiene bastante relación con la resolución de algunos puzzles. Además, los finales que el juego nos
ofrece, estan directamente relacionados con el tiempo que tardemos en completar cada una de las fases.

El sistema de juego fue una de las peores cosas que tenía el juego, ya que el control era de lo peor que se pudo ver en toda
la historia de Nintendo 64. Era brutalmente impreciso, con movimientos que no esperas y que, sobre todo a la hora de saltar
de una plataforma a otra era infernal. Las cámaras también ofrecian una perspectiva que habitualmente era la peor que se
podía elegir de todas las posibles, lo cual unido al punto anterior hacian realmente complicado llevar a buen puerto nuestra aventura.

La verdad es que graficamente el juego tampoco destaca demasiado, con unas texturas de muy bajo nivel y una niebla
constante en las fases más abiertas. Sin embargo, el juego no esta tan mal llevado al mundo tridimensional como
la gente dice de él, y quizás en este aspecto consiga reflejar mejor lo que es un mundo en tres dimensiones que los
Castlevania en 3D que han salido hasta ahora en Playstation 2 y Xbox. Demasiadas promesas sin cumplir por parte de
Konami en este juego que al final se estrelló ante una audiencia cansada de esperar. Un Castlevania mediocre que
quizás con un mejor control y un sistema de cámaras decente, podría haber estado entre los grandes de Nintendo 64.
Castlevania: Legacy of Darkness
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