Sistemas:
Game Boy: 1989
Un año después, 1989, la saga hace una buena mudanza. Cambiamos de sistema y nos vamos a la todo poderosa Game Boy,
que por aquella época ya causaba un furor sobrenatural entre los jugadores que la poseían, y eso que este fue uno de los
primeros títulos para la famosa portátil de Nintendo. Cambiamos de protagonista, Christopher Belmont por Simon Belmont.
Pero lo que no cambiamos de ninguna forma es nuestro objetivo, que sería, como siempre acabar con Drácula.
Cuando el juego llegó a las tiendas, se encontraba un tanto desplazado en el argumento. En un principio, este juego
iba a ser otra aventura protagonizada por el ya famoso mata vampiros Simon Belmont, pero finalmente Konami vio la oportunidad
de bifurcar su saga añadiendo otro personaje, Christopher Belmont, que en principio, sería el encargado de llevar sobre sus
hombros el honor de liderar las aventuras de la serie de Game Boy. Veremos más adelante como esto no terminó siendo así, pero
esa era la idea inicialmente.
Era una versión de Castlevania al uso, podriamos decir, en las que deberemos ir devorando fase tras fase hasta llegar al castillo
de Drácula para acabar con él. Sin embargo, el juego sufría de algunos cambios, como la supresión total de las armas secundarias o
el uso de los corazones para aumentar la energía del jugador.

En términos de diseño, el juego era un auténtico desastre, con un nivel de dificultad muy mal estudiado. Las
plataformas estaban muy alejadas, y el salto que hacía nuestro personaje era demasiado bajo, por lo que la pérdida de vidas
era continua. Había tres niveles de látigos, a cada cual más potente (el último lanzaba bolas de fuego) y más largo,
pero bajaba un nivel cada vez que te golpeba un enemigo, por lo que terminabas por jugar la mayor parte del tiempo con el
látigo más débil. En resumen, una dificultad mal realizada por Konami, ya que un juego puede ser difícil porque esta pensado
así, pero en este caso, les faltó pensar un poco más para hacer su juego jugable, valga la redundancia.

Graficamente tampoco hacía el más mínimo alarde, con decorados sosos y repetitivos, a lo que si unimos la poca variedad
de enemigos y situaciones nos dejaba con el peor Castlevania de los realizados hasta ese momento. En lo referente al tema
musical tampoco se salva, por lo que el juego termina siendo más una curiosidad que otra cosa. Como véis en las
pantallas de abajo, en el final se ve a Christopher viendo Castlevania desaparecer y después, cuando todo parece que ha
acabado, sale un vampiro tras la colina.


Castlevania III: Dracula's Curse |