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 La Historia de Castlevania
                                                                                                                                                                 Viernes, 25 de Julio de 2008

Nos disponemos ahora a tratar de ordenar la historia que se cuenta en los juegos de Castlevania. Tened en cuenta que Konami nunca ha tratado de hacer que la historia de sus juegos ligasen, por lo que esto no se puede considerar en ningún caso texto oficial. Cuidado con seguir adelante a los que no sepáis la historia y queráis descubrirla por vosotros mismos, a partir de aquí es terreno de spoilers. Que lo disfruteis.

Lament of Innocence (1095)

Nuestra historia comienza en el siglo XI d.c., una época en la que el sistema monárquico de la era feudal comenzaba a perder su poder en favor de los señores feudales, convertidos en poderosos terratenientes. Los caballeros ya no estaban dispuestos a dar sus vidas por los señores a los señores a los que servían, y las disputas entre las diferentes familias eran cada vez más frecuentes para ver quién se hacía con mayor control político.

La Iglesia fue la que vino a poner orden a todo este caos por medio de las Reformas Gregorianas que llevo a cabo en este siglo. Fue durante este tiempo en que los soldados se elevaron al rango de “protectores de la paz y de la Iglesia”. Algunos de estos caballeros formaros hermandades, sectas que combatirían conjuntamente contra los herejes elevando el nombre de su Dios ante ellos. De entre todas esas hermandades, una era conocida por ser particularmente fiera, se decía que eran indestructibles mientras estuvieran al mando de sus dos líderes: Leon Belmont y Mathias Cronqvist.

Leon Belmont era un jóven barón con unas aptitudes para el combate como nunca antes se habían visto hasta ese momento. Mathias Cronqvist por su parte, era un genio con las tácticas de combate, cuyo saber lo distinguía en aquella sociedad de iletrados. Ambos formaban un tándem extremadamente poderoso para cualquiera que se atreviese a hacerles frente, su amistad era realmente sólida, y juntos, no habían sufrido una sola derrota en el campo de batalla. Sin embargo, un día Mathias sufrió una pérdida de otra clase: al volver de una victoriosa campaña se enteró de que su esposa, Elishabetha, había muerto de repente. Mathias se fue consumiendo poco a poco en el dolor, que después de un año de agonía lo dejó postrado en su cama, enfermo por la pérdida de su amada.

Leon por tanto, tuvo que hacerse cargo de las batallas sin su fiel compañero Mathias, y a pesar de todo, consiguió mantener intacta la reputación de la hermandad al seguir invicto. Las reformas de la Iglesia Católica parecían no tener fin por Europa, y las Cruzadas Cristianas requerían el esfuerzo constante de sus caballeros, que comenzaban a caer como moscas ante las constantes disputas territoriales.

Sin previo aviso, un misterioso ejército de monstruos surgió de la nada en los territorios de Leon. La Iglesia no autorizaba combate alguno que no fuera contra sus enemigos políticos, por lo que en un primer momento Leon no atacó a ese extraño ejército. Pidió permiso a la Iglesia, pero esta no estaba dispuesta a permitir que uno de sus caballeros más valiosos gastase recursos contra un enemigo que poco les importaba.

Una noche, Mathias salió de se cama para dejar una nota a su amigo Leon: sabía que la aparición de los monstruos estaba conectado con un vampiro que residía en un castillo situado en lo profundo del bosque Noche Eterna. Pero eso no era todo, lo más doloroso para Mathias fue informar a su amigo de que Sara Trantoul, la prometida de Leon, había sido raptada y llevada a ese castillo. Sin otro remedio, Leon renunció a su título de barón ante la iglesia, y desobedeciendo sus órdenes se adentró en el bosque para salvar a su prometida.

Leon se adentró en el bosque con la sensación de que era guiado por alguien. Tras varias horas de camino, se encontró con una pequeña choza habitada por un extraño personaje, un alquimista llamado Rinaldo Gandolfi. La historia sobre el bosque en el que se encontraban y el Señor de los Vampiros que lo controlaba le resultaron muy interesantes a Leon: el bosque estaba sumido en una oscuridad perpetua gracias a los poderes de este Señor de los Vampiros, Walter Bernhard, que se encontraba en posesión de un objeto muy valioso que le permitía realizar encantamientos tan poderosos como ese. La vida eterna se le había hecho monótona, por lo que se entretenía haciendo que cazadores de vampiros se adentrasen en el bosque para cazarlos después, aunque hasta el momento ninguno de ellos había conseguido llegar hasta él. Los cazadores caían fácilmente en la trampa debido a que Walter les quitaba algo de mucho valor para ellos, a Sara en el caso de Leon. A Rinaldo se le permitía vivir allí porque vendía artefactos a los cazadores que hacían la lucha más divertida. Rinaldo sintió algo en el alma de Leon que le llevó a la firme convicción de ayudarle, por lo que le otorgó algo que no se parecía en nada a lo que solía vender a los cazadores que llegaban al bosque: el Látigo de la Alquimia. Rinaldo uso el poder del que disponía y lo canalizó al brazalete de Leon, de forma que pudiera protegerse de los ataques de los monstruos y recolectar energía mágica. Antes de partir, una última advertencia: para llegar a la cámara del castillo donde se encuentra Walter, deberás primero vencer a los cinco guardianes que guardan el sello de la cámara.

Uno tras otro, Leon fue abatiendo a los guardianes del sello de la cámara de Walter, el Golem, la Medusa, el Succubus, hasta que se encontró con Joachim Armster, otro de los guardianes que le reveló que Walter estaba en posesión de la Piedra de Ébano, el poderoso artefacto que le permitía sumir el bosque en una noche eterna. Leon ya había oído hablar de ella durante su aventura en el castillo, ya que visitaba con frecuencia a Rinaldo para aprovisionarse y este le ayudaba en lo que podía. Sabía también la existencia de otra piedra más, la Piedra Filosofal, que unida a la de Ébano, otorgaba a su poseedor la vida eterna. Sin embargo, para los vampiros había otra piedra importante, la Piedra Carmesí, una piedra de extraordinario poder que permanecía perdida.

Tras vencer a todos los guardianes, Leon entró en la Pagoda de la Luna Mística, el segundo nivel del castillo donde Walter apareció con su amada Sara en brazos. Leon exigió que se la devolviera, y sorprendentemente Walter lo hizo, diciendo que ya no la necesitaba para nada más. Leon atacó a Walter con el Látigo de la Alquimia, pero no le hizo ningún efecto, y sonriendo, instó a Leon a que consiguiera llegar a la cámara más alta del castillo donde finalmente se enfrentarían.

Pero Leon estaba más preocupado por la salud de Sara, así que la llevó junto a Rinaldo, quien tras un largo exámen, concluyo que estaba viva, aunque había un problema. Walter había mordido a Sara, por lo que si la única esperanza de la chica, era que Leon destruyese al vampiro. Leon estaba fuera de si, ya que no tenía el poder suficiente para destruirle, así que Rinaldo le ofreció otra opción…

Sara tenía en su interior el veneno de Walter, forma, en cierta forma, parte de él, por lo que si mediante la alquimia, Sara y el Látigo se unían en uno solo, el arma podría por fin causar efecto a Walter. El único problema es que Sara ya no volvería jamás a pertenecer al mundo de los vivos. Leon se negaba con todas sus fuerzas a perder a Sara, pero esta, recuperada de su inconsciencia consiguió hacer que entrase en razón, aceptando que la eliminación de Walter era más importante que la vida de Sara o que la suya propia.

De esta forma, Rinaldo Gandolfi creó, gracias al sacrificio de Sara Trantoul el Vampire Killer, el arma definitiva contra la raza vampírica.

Leon llegó como una exhalación a la sala donde Walter lo esperaba. Se sentía confiado, ya que aunque Leon regresaba con un arma más poderosa que la última vez, seguía pensando que su derrota estaba muy lejos. Pero entonces ocurrió algo que no esperaba, la propia Muerte, que hasta entonces había permanecido camuflada, asestó un golpe mortal a Walter guiada por el poseedor de la Piedra Carmesí, Mathias Cronqvist.

Mathias deseaba obtener el espíritu de Walter para hacerse con la vida eterna. Cuando murió su mujer, juro hacerse inmortal para poder pasar el resto de sus días maldiciendo al Dios por el que tantas veces luchó y que le devolvió el favor llevándose a su esposa. Para conseguir la vida eterna, se sirvió de Leon, Sara, Rinaldo y Walter. Tras explicarle sus motivos a Leon, se convirtió en murciélago mientras ordenaba a La Muerte que se hiciera cargo de Leon.

En el Reino de la Muerte, fue donde Leon con la ayuda del Vampire Killer acabó con la propia muerte, a la que hizo un juramento que por supuesto llegó a oídos de Mathias: “Yo te maldigo, y nunca te olvidaré. Este látigo y mis descendientes siempre estarán ahí para destruirte. El Clan Belmont cazará la noche”.

El desvanecimiento de La Muerte (La Muerte no puede morir) provocó que el castillo comenzase a derrumbarse, por lo que Leon se dio prisa en escapar. Rinaldo vio desde su casa como el castillo se derrumbaba mientras decía “Lo hizo”.

Tras lo sucedido en el castillo, Mathias escapó a unas tierras cercanas donde continuó con sus ritos satánicos. Se hizo llamar el Señor de los Vampiros y Rey de la Noche, no siendo hasta muchos años después cuando tuviera lugar su enfrentamiento con los Belmont.

De todas formas, no queda claro si Mathias terminó siendo Drácula, o este luchó con el para arrebatarle su Piedra Carmesí y convertirse en el Señor de los Vampiros. Sea como sea, el Clan Belmont quedaría desde entonces eternamente ligado a este enfrentamiento entre el bien y el mal hasta el fin de los tiempos.

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