Tres años después de la salida al mercado de Fallout: Tactics, las consolas PlayStation 2 y Xbox pudieron acoger el cuarto juego de la saga hasta ese momento, y el primero en ser realizado para consolas de forma exclusiva.
Al igual que con Fallout: Tactics, el juego no se considera oficial en cuanto a argumento por las diversas contradicciones que comete. Su línea argumental se sitúa entre el Fallout y el Fallout 2, donde tomaremos el papel de un iniciado de la Hermandad de Acero que tiene como misión encontrar a los paladines perdidos en la ciudad de carbón. Historia que por supuesto irá aumentando de intensidad hasta encontrarnos con la obligación de tener que salvar todo el páramo.
Parece que la línea de la saga se alejaba en cada nuevo paso de lo que Interplay nos propuso en las dos primeras entregas. En este caso, se utilizó el motor gráfico de Baldur’s Gate: Dark Alliance en el que la acción primaba mucho más que el RPG.
El juego utiliza un sistema “capado” del SPECIAL con algunas de las habilidades utilizadas en los juegos anteriores. Por supuesto, la subida de nivel y obtención de la experiencia se alejan mucho del sistema utilizado en los dos primeros juegos.
La reacción entre los fans fue de absoluto rechazo a un producto que estaba a años luz de lo que habíamos visto en un inicio. Además, un mes antes de la salida del juego Interplay cerró Black Isle Studios, por lo que las esperanzas de ver alguna vez el proyecto Van Buren (Fallout 3) perdía toda la fuerza que había ido acumulando entre los aficionados.
miguel
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