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 La Historia de los Videojuegos
                                                                                                                                                                 Viernes, 25 de Julio de 2008

Los Primeros Pasos

Nuestra historia comienza en 1958 con William Higginbotham, un físico que trabajaba en los laboratorios Brookhaven National como diseñador de circuitos electrónicos para el Proyecto Manhattan. El caso es que en los laboratorios se celebraba un día anual del vistante, y Higginbotham quiso alegrarle un poco el día a los curiosos que se acercasen, por lo que con la ayuda de un osciloscopio, una computadora analógica y un par de botones creo Tennis for Two.



Un prehistórico juego de tenis que mostraba una vista lateral en dos dimensiones. Una raya horizontal representaba el suelo y una vertical la red. Cada jugador tenía una caja con un tirador para apuntar la dirección de la bola (arriba, abajo o centro) y un botón. El juego era muy básico, pero incluso podía representar el rozamiento del aire, había pelotas que botaban fuera o que no pasaban, etc.

Por supuesto, el juego tuvo un éxito arrollador y los vistantes hacían unas colas gigantescas para jugar al invento de Higginbotham. De este juego surgió también el que sería sin duda el primer análisi de un videojuego en la historia, ya que David Ahl, un estudiante que viajó a los laboratorios fundaría más tarde Creative Computing Magazine, una revista sobre electrónica donde escribió sus impresiones sobre el juego.



Los miembros del Tech Model Railroad Club (TMRC) del MIT (Massachusetts Institute of Technology eran considerados unos bichos raros por todos. Por supuesto, estaban ansiosos por poder conocer en profundidad unas máquinas llamadas ordenadores y que por aquella época ocupaban facilmente una habitación entera. Se solían colar por las noches en el campues para examinarlas hasta que una noche encontraron un IBM 407, basado en tarjetas perforadas, algo que practicamente no sabían ni lo que eran, pero que durante bastante tiempo los tuvo entretenidos.



A partir de 1960, los chips de silicio habían comenzado a reemplazar a los transistores que a su vez causaron una revolusión brutal en aquellos gigantescos ordenadores llenos de válvulas de vacio, pero para los videojuegos, el mayor avance fue quizás la forma que tenía la máquina de representar la información. En 1960, el MIT era la única universidad de Estados Unidos con ordenadores que incorporaban un monitor.

En 1961, llegó al MIT el PDP-1, lo último de la empresa Digital Equipment, y el TMRC lo hizo suyo en ese mismo instante. Steve Russel, uno de los nuevos miembros del TMRC decidió crear en el PDP-1 un juego interactivo. Russel no era una celebridad en el club, pero se le respetaba por, entre otras cosas, ayudar a un profesor a implementar el lenguaje LISP. Como todos los adolescentes de la época en Estados Unidos, era un fanático lector de ciencia ficción, y particularmente de Doc Savage, un personaje de Flash Gordon.



El trabajo fue muy duro, e incluso Alan Kotok, uno de sus compañeros de fatigas, tuvo que presentarse en la propia Digital Equipment para que le surtieran de algoritmos matemáticos que Russel necesitaba. Tras unos seis meses, y 200 horas de duro trabajo se completó la primera versión del juego: un combate entre dos cohetes. El jugador controlaba la velocidad y la dirección del cohete, pudiendo también disparar contra la otra nave. Russel lo llamó Spacewar.

Spacewar podría denominarse como el primer juego de ordenador de la historia, ya que Tennis for Two de Higginbotham sólo utilizaba circuitería, no un ordenador. El juego estaba representado en un escenario con puntitos que representaban estrellas y un sol que incluso tenía un campo gravitatorio que los jugadores más expertos sabían utilizar para girar más rapidamente y sorprender a los rivales. Dan Edwards fue el que dio la idea, por lo que es común oir hablar de él como el sol de Edward.

 


El escenario también implicaba ciertos riesgos, como no calcular de forma precisa el giro y morir quemado en el sol, o cuando posteriormente se ideó un botón para saltar al hiperespacio, que hacía aparecer la nave en un lugar aleatorio de la pantalla pudiendo también terminar destruido si aparecíamos demasiado cerca del sol. Al principio, los disparos de los cohetes no salían todos bien, pero tras las quejas de los jugadores Russel optó por abandonar esta idea. Spacewar se terminó dispersando por las universades de todo el país, y fue un auténtico éxito.

Steve Russel nunca quiso hacer dinero con su idea, el era un hacker y simplemente quiso hacerlo para demostrar que se podía, pero los encargados de crear el primer videojuego de la historia no compartían esta visión tan utópica de la vida, y por eso quizás no se considera Spacewar como el primer videojuego de la historia, simplemente porque no se comercializó.

Ralph Baer se licencio en ingeniería de televisión tras trabajar para inteligencia militar en la Segunda Guerra Mundial. Baer pensó siempre en utilizar la televisión para jugar, pero no fue hasta 1966 que hizo un diseño serio sobre lo que desde toda la vida había rondado su cabeza. Por aquella época trabajaba en Sanders Associates, un contratista militar, y metió en el proyecto a Bob Tremblay que contruyó un dispositivo capaz de situar dos puntos móviles en pantalla. En 1967, Bill Harrison se unió al grupo diseñando unos circuitos que permitían poderse disparar a la pantalla con pistolas ópticas. Bill Rusch también se unió al equipo, y fue fundamental ya que entendía mejor que nadie que debía contener un juego para ser jugable y divertido. El 11 de noviembre de 1967 consiguieron hacer funcionar un juego de ping pong para dos jugadores.



Como decíamos, Rusch fue muy importante en este proceso, ya que de él fue la idea de crear un juego de ping pong, y anteriormente había logrado realizar un juego en el que un jugador tenía que catrapar a otro en un laberinto. Ahora era el momento de comercializarlo, comenzaron a hablar con RCA, pero las cosas se torcieron. Bill Enders dejó Sanders y comenzó a trabajar para Magnavox donde les habló del invento de Baer y su grupo. Magnavox se acercó a ver la Caja Marrón, que era como fue bautizada la máquina que contenía el juego de ping pong, y cerró el trato a finales del año 1971.



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