Todo buen aficionado a los FPS conoce o al menos ha oído hablar de la saga Call of Duty, desde que arrancara allá por 2003 intentando arrebatar el trono de la mejor acción de la II Guerra Mundial al Medal of Honor (sí, aquel que produjo Spielberg y que parecía la continuación de Salvar al soldado Ryan, especialmente por su recreación del desembarco). Pues resulta que aquella primera parte era impresionante, con un uso genial de los scripts y una campaña intensa y moderadamente larga. En 2005 Infinity Ward intentó repetir el éxito, con un juego que otra vez hacía uso de scripts para crear una campaña aún más intensa y absorbente (principalmente gracias a las mejoras gráficas) pero sensiblemente más corta. Viendo los jugosos resultados que estaban obteniendo, la malvada Activision decide sacar aún más tajada y empieza a crear secuelas y secuelas para consolas: Finest Hour, Big Red One, Road to Victory e incluso una tercera parte exclusiva para consolas, ninguna creada ya por Infinity Ward, que se hallaba trabajando en una cuarta parte, alejada ya de la sobreexplotada IIGM.
Y esa cuarta parte tendría que devolver el honor perdido a la franquicia; entonces, ¿era momento para partir de cero? Cambiar el escenario, el planteamiento de la acción, la forma de avanzar, la IA, las posibilidades que puede plantear una nueva historia ficticia, nuevos mapeados, nuevas formas de combatir, nuevas armas con nuevas funciones… JA. Seamos claros: CoD4 no es más que el mismo perro con distinto collar. O, de manera más sutil, la misma mierda con diferente envase, que además es caro de cojones.
Rápidamente, la historia nos sitúa en un presente muy actual, con los Estados Unidos “liberando e instaurando la democracia occidental” en un pequeño país de Oriente Medio, una guerra civil encubierta en Rusia entre ultranacionalistas y pro-occidentales y unos cuantos terroristas y tiranos muy muy malos que quieren castigar al mundo porque se les han agotado los filtros de la cafetera y no encuentran del mismo modelo o algo así. Total, que unos venden armas nucleares, los otros las intentan utilizar, los buenos quieren salvar al mundo y en el proceso se producen muchos tiros y explosiones. Vamos que parece sacado de una película de aquellas de la Guerra Fría o de una novela de Tom Clancy.
Los dos protagonistas principales serán ‘Soap’ MacTavish de las SAS británicas, recién llegado al pelotón del capitán MacMillan, y el sargento de los USMC Jackson, que participa en la invasión del país árabe ficticio. Ambas campañas se entrelazan en un primer acto (de los tres que componen el juego) que nos da idea de dónde nos estamos metiendo: un arma nuclear rusa interceptada por las SAS en un carguero, un criminal tirano que derroca a un presidente legítimo, una invasión para liberar el país y unos ultranacionalistas rusos que buscan el resurgir de la Unión Soviética aliándose con “los enemigos de Occidente”. En los dos últimos actos la acción caerá sobre los hombros de ‘Soap’ en una carrera por detener al malvado líder terrorista árabe y a su aliado ruso, antes de que desaten un infierno nuclear.
La campaña es francamente interesante la primera vez que la juegas, con algunos giros sorprendentes y en general muy absorbente, en la línea que Infinity Ward marcó con su primer CoD. Pero no nos engañemos: en cinco horas está acabada y su nivel de rejugabilidad es absolutamente nulo. Más que nada porque es un auténtico coñazo hacer otra vez exactamente lo mismo, viendo exactamente los mismos espectaculares scripts y disparando a exactamente la misma IA, aunque cambies el nivel de dificultad.
Porque la dificultad en este juego no la marca una IA más o menos efectiva sino la cantidad de disparos que salen de la “nada” y que tu personaje atrae como si estuviera forrado de imanes. A más dificultad, más difícil es asomar la cabeza y que no te maten en medio segundo. Nefasto. Además la selección de la dificultad se realiza mediante una fase de tutorial que parece a medio hacer, ya que verás que hay zonas del mapa que parecían creadas para ser recorridas, en plan de circuito de obstáculos o una zona para practicar con granadas. Tras un breve recorrido por este mapa a medio hacer, acabas en una especie de recorrido que tienes que completar en menos de un minuto; el recorrido en sí es sencillo, pero bajar de 30 segundos es casi imposible, lo que te hace ceñirte a los dos modos más sencillos.
Eso sí, la presentación de la campaña es muy vistosa, con cargas disimuladas con videos de presentación pseudotecnológicos, con mucha imagen de satélite y diagramas y voces en off que te ponen al día de la situación. Y el propio juego es espectacular, con misiones que recordarás durante un tiempo, como la presentación en la que recorres una ciudad en guerra en los zapatos del depuesto presidente, la escolta aérea que prestas a las SAS desde un AC-130 Spectre manejando sus poderosas armas desde el puesto del operador en una vista en blanco y negro o el viaje a la Chernobil de hace 20 años para detener a un contrabandista soviético que se convertiría en el líder de los ultranacionalistas. Es especialmente esta última misión, en la que recorrerás la zona del desastre entre soldados y camuflado de arbusto con un rifle de precisión, la que más llama la atención por lo bien realizada que está, disparo de precisión a kilómetro y pico incluido. También destaca la persecución final por carretera, con helicópteros, explosiones y desenlaces cinematográficos. En general toda la campaña tiene un aire de película muy logrado. Pero unas cuantas fases y cientos de scripts no salvan a un juego así. Cinco horas, IA nula, sin apenas rejugabilidad (si te aburres mucho puedes echar un vistazo al modo arcade que es igual que la campaña pero con numeritos y estadísticas). Esto en el diseño.
La jugabilidad es poco menos que endiablada. Con un control casi perfecto y que únicamente se lastra por la incorporación de concesiones para los consoleros como la eliminación del quicksave o la incorporación de movimientos programados como al saltar muros y cosas así, que dejas de controlar a tu personaje. La interfaz, clara y cómoda, sin alardes. Poco más hay que decir, esta gente sabe cómo manejar un FPS.
Es en los apartados técnicos donde el juego más luce y donde también se aprecian algunos de los errores que acaban lastrando la experiencia. Empezando por aquí, las animaciones de todos los personajes y vehículos son geniales, con un grado de realismo altísimo, de lo mejor. Pero en demasiadas ocasiones no casan bien: a varios soldados los verás claramente flotar a unos centímetros del suelo, o realizar movimientos de un realismo increíble que los empotran contra un muro, o se quedan pillados, o pegan algún salto de animación… en general la gran calidad de las animaciones casi juega en su contra. Es como si requirieran demasiado espacio sobre el mapa para realizarlas correctamente. Además CoD entra en la nueva generación conservando algunos de los valores más clásicos del videojuego: el clipping. ¡Ah, qué día más feliz el que vea desaparecer el clipping de un juego!
Eso sí, el resto de elementos es impresionante: el detalle de los modelos, la nitidez (por lo general) de las texturas, el fuego, el humo, las explosiones, el calor que desprenden los cañones de las armas, las vainas, el detalle con el que están realizadas todas las armas (que son muchas, tantas que apenas las verás a lo largo de la campaña), el diseño de los mapas y la incorporación de unos scripts de gran calidad. Además el apartado sonoro también cumple con creces con su cometido, tanto a nivel de efectos como de banda sonora (poca pero decente) como de doblaje, donde flojea algo más pero también hay que reconocer el trabajo de los dobladores.
Y verás que no he comentado ni una sola palabra del modo multijugador. Pues sí, lo tiene y todos dicen que es lo mejor desde el Counter-Strike. ¿Y qué? Señores, estamos hablando de 60€ por un juego que venden como la revolución de la acción en primera persona, con una campaña que marcará un antes y un después y una acción innovadora. Y no es nada de eso. Es más de lo mismo: si, la campaña mola, es interesante y espectacular, con misiones muy divertidas y tal. Vale pero dura cinco horas y cuando vuelves a ella “te quieres de morir” de lo aburrida que puede ser. Cinco horas son dos películas largas, pongamos que entre 14 y 21€ máximo. El resto del juego está orientado hacia el multijugador. Así que ya sabes la verdad. Un truño, otro engañabobos, más de lo mismo… Infinity Ward, no cuentes conmigo más hasta que de verdad desees volver a marcar la diferencia.
davidcg
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| El cambio de la IIGM a la actualidad es el único cambio que encontrarás en este juego. Todo sigue igual y a veces eso no es suficiente. La campaña, aunque espectacular e intensa la primera vez que la juegas, dura apenas cinco horas y su rejugabilidad es nula. La IA brilla por su ausencia y los niveles de dificultad se basan en la imposible precisión y vista de águila del enemigo. |
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| El aspecto más destacable ya que todo se ha hecho siguiendo el manual para controles e interfaz de FPS al pie de la letra. Como punto negativo, la opción de guardado rápido (y la de guardado a secas) ha desaparecido para ser sustituida por los checkpoints. |
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| Los gráficos son sencillamente impresionantes y te hacen sentir que de verdad estás ahí, con todo el frenetismo de las explosiones, los muertos, las ráfagas trazadoras, el polvo y el humo. El nivel de detalle en mapas y personajes es en general muy alto. El mayor problema que veo es en la animación que, por un lado, está realmente trabajada, pero por otro no acaba de encajar en el ritmo del juego (soldados haciendo cosas raras o no muy lógicas, eso sí, perfectamente animadas). Sonido bien. Banda sonora suficiente. Doblaje correcto. |
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